Cuando su biógrafa, Mary Lutyens, le preguntó en 1974 que definiera sus enseñanzas, Krishnamurti escribió lo siguiente:

“El núcleo de las enseñanzas de Krishnamurti está contenido en la declaración que hizo en 1929 cuando dijo 'La verdad es una tierra sin caminos'. El hombre no puede llegar a él mediante ninguna organización, ningún credo, ningún dogma, sacerdote o ritual, ni ningún conocimiento filosófico o técnica psicológica. Tiene que encontrarlo a través del espejo de la relación, a través de la comprensión de los contenidos de su propia mente, a través de la observación y no a través del análisis intelectual o la disección introspectiva. El hombre ha construido en sí mismo imágenes como una valla de seguridad: religiosa, política, personal. Estos se manifiestan como símbolos, ideas, creencias. La carga de estas imágenes domina el pensamiento del hombre, sus relaciones y su vida diaria. Estas imágenes son las causas de nuestros problemas porque dividen al hombre del hombre. Su percepción de la vida está moldeada por los conceptos ya establecidos en su mente. El contenido de su conciencia es toda su existencia. Este contenido es común a toda la humanidad. La individualidad es el nombre, la forma y la cultura superficial que adquiere de la tradición y el entorno. La singularidad del hombre no radica en lo superficial, sino en la total libertad del contenido de su conciencia, que es común a toda la humanidad. Entonces no es un individuo.

La libertad no es una reacción; la libertad no es una elección. Es la pretensión del hombre que porque tiene elección es libre. La libertad es pura observación sin dirección, sin miedo al castigo ni a la recompensa. La libertad no tiene motivo; la libertad no está al final de la evolución del hombre, sino que está en el primer paso de su existencia. En la observación se empieza a descubrir la falta de libertad. La libertad se encuentra en la conciencia sin elección de nuestra existencia diaria.

El pensamiento es el momento. El pensamiento nace de la experiencia, del conocimiento, que son inseparables del tiempo. El tiempo es el enemigo psicológico del hombre. Nuestra acción se basa en el conocimiento y por tanto en el tiempo, por lo que el hombre es siempre esclavo del pasado.

Cuando el hombre se dé cuenta del movimiento de su propia conciencia, verá la división entre el pensador y el pensamiento, el observador y lo observado, el experimentador y la experiencia. Descubrirá que esta división es una ilusión. Sólo entonces existe la observación pura, que es una intuición sin ninguna sombra del pasado. Esta visión atemporal provoca una profunda mutación radical en la mente.

La negación total es la esencia de lo positivo. Cuando hay negación de todas esas cosas que no son amor - deseo, placer - entonces el amor es, con su compasión e inteligencia ”.

Londres, 21 de octubre de 1980
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